Cuando Donald Trump reconoció en enero a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, se colocó a sí mismo delante de una prueba peculiar como presidente de Estados Unidos.
El problema no era solo que Nicolás Maduro gobernaba Venezuela en la práctica y que Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, debía asegurarse entre otras cosas el apoyo de las fuerzas armadas de su país para desplazarlo.
Trump tenía algo más que resolver: su promesa de “presionar por la restauración de la democracia venezolana” chocaba con sus propias palabras del pasado, habiéndose mostrado contrario a promover cambios de gobierno en otros países.
“Dejaremos de intentar construir democracias extranjeras, derribar regímenes y actuar de manera imprudente para intervenir en situaciones en las que no tenemos derecho a estar allí”, prometió Trump como candidato en noviembre de 2016.
Repitió esa idea tras ser elegido presidente unos días después, mientras se preparaba para asumir, y sostuvo que EEUU debía terminar con el “ciclo destructivo de intervención y caos“, reseñó BBC Mundo.
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ElTocuyoAlDia
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