Luego que su hijo fue asesinado en El Junquito en 2017, la madre de Óscar Pérez emigró a Estados Unidos acompañada de su nuera y nietos. Sin embargo, la travesía ha sido una dura experiencia.
Anita Pérez contó a El Nuevo Herald como su trayecto estuvo marcado por la hostilidad y maltratos desde que se presentó en septiembre del 2017 ante un funcionario de inmigración al pisar la frontera en el Puerto de San Ysidro, el punto de entrada entre Tijuana, México y San Diego.
“Me esposaron ante los niños y a mi nuera también la esposaron. Los niños llorando porque no sabían que estaba pasando. Nos pusieron unos grilletes. Después nos amarraron la cintura con unas cadenas y no podíamos ni caminar (…) y yo me preguntaba, bueno, ¿pero qué pasó aquí?”, narró.
Y es que la mujer y su familia estaba siendo sometidas al proceso de detención que hoy es normal para toda persona que se presenta ante una autoridad de inmigración en la frontera y solicita asilo político. “El procedimiento no hubiera sido diferente si le hubieran encontrado a ella tratando de cruzar la frontera ilegalmente a media noche con un paquete de diez libras de cocaína metido en su cartera”, dijo Thomas Wright, un abogado de Nueva York amigo de Pérez. “El trato sería el mismo”.
Pérez, bajo libertad condicional en el país, espera una fecha para presentar su caso de asilo ante un juez de inmigración. La mujer expresó que se sintió tratada como un criminal durante el periodo de detención, recibiendo ocasionalmente maltratos físicos, y siendo separada de su nuera y de sus nietos, a quienes no los volvió a ver y no supo más de ellos hasta después que terminó su período de detención.
ElTocuyoAlDia
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