Thilo Schmitz, un venezolano de descendencia alemana que luego una vida de formación entre ambas naciones, decidió establecerse en Venezuela tras el asesoramiento de su padre para que tomase las riendas del negocio familiar en 1996, ha asegurado que a pesar de la crisis que vive el país, no prevé abandonarlo.
“Somos responsables por nuestros empleados y la compañía tiene que sobrevivir. Creemos que en Venezuela las cosas volverán a marchar bien algún día. Y cuando eso pase, quiero estar allí”, aseguró el empresario.
Schmitz nació en 1967 en Caracas y se formó más tarde en Fráncfort, donde se independizó y trabajó para el Deutsche Bank, sin embargo, en 1994 su padre le pidió hacerse cargo de la empresa en Caracas, lo cual marcó un antes y un después en su vida.
“No dude mucho, una oportunidad así, la de hacerse cargo de una empresa familiar y seguir desarrollándola, solo se tiene una vez en la vida”, subrayó durante una entrevista con DW.
El hombre, quien no se encuentra físicamente en la nación petrolera ante la situación, dirige una empresa mediana que distribuye en la capital venezolana material escolar, papel y artículos de escritorio, y produce, además, elementos para colorear y pegamento.
Antes de la llegada al poder de Nicolás Maduro, la firma contaba con más de 200 trabajadores, no obstante, actualmente solo cuenta con 65 empleados, quienes luchan y sobreviven bajo ciertos “privilegios” que ofrece la pequeña industria familiar.
Sin contar el sueldo, todos los trabajadores cuentan con un almuerzo diario, que va desde fideos, pasta o arroz, con un acompañante de pollo o pescado, e incluso alguna ensalada.
Dicho beneficio no supera los dos dólares en costo, pero para Schmitz ha sido un punto clave de la supervivencia en la empresa ante la crisis económica, política y social.
“Muchos siguen estando ahí solo por el almuerzo. Si no lo tuvieran en nuestra compañía, ya se habrían ido”, aseguró el empresario alemán-venezolano.
Hasta hace no mucho tiempo las exigencias y peticiones eran otras, pero ante la crisis, el empresario asegura que lo fundamental es tener para comer.
“Ya no se trata del aire acondicionado, que se descompuso, ni de las ruedas gastadas del coche, lo cual es muy peligroso, ni tampoco de los juguetes para los niños en Navidad. Ahora solo se trata de tener suficiente para comer”, explicó.
A pesar del optimismo la empresa ha recibido golpes muy duros, pues con el pasar de los meses su producción se ha visto reducida de forma realmente drástica.
“Llegamos a tener 50 millones de dólares de ventas, y ahora apenas alcanzamos al millón de dólares”, lamentó.
ElTocuyoAlDia
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