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“Fueron drogados”: La verdadera historia del rescate de los niños de la cueva de Tailandia


El británico Liam Cochnare, relató la verdadera historia del rescate de los niños y su entrenador en la cueva de Tailandia, en un libro que llamó “The Cave”

Según lo que reseña Infobae, los 12 futbolistas nunca bucearon para salir de la cueva, pues las condiciones en las que se encontraban no daban opción para enseñarlos a bucear.

Los pequeños llevaban diez días en los que habían estado sin comida y durmiendo en la oscuridad absoluta, pero con la llegada de las fuerzas especiales la prioridad fue darles comida, atención médica y salvarlos. Los rescatistas competían una carrera contra el tiempo: los niveles de oxigeno en la cueva disminuían rápidamente y se pronosticaban más lluvias.

Estos sabía que era imposible que un niño que nunca había buceado aprendiera a hacerlo y pudiera salir de ahí a través de los estrechos túneles llenos de barro y con visibilidad casi nula.

La única esperanza era sedarlos: poner máscaras de oxígeno en sus caras, sellarlas con silicona para que no se desprendieran y dejar que los buzos los cargaran hasta la salida.

Dr. Richard Harry y su compañero de buceo Craig Challen, los especialistas encargados del rescate pidieron al Gobierno tailandés inmunidad diplomática por si algo salía mal. No confiaban en que las drogas funcionaran.

Por tal razón decidieron informar a los padres y al mundo, que a los niños se les iba a enseñar a bucear, y estarían supervisado por rescatistas.

El Dr. Harry decidió sedar a los niños con una combinación de tres drogas. Xanax, para aliviar el miedo; ketamina, para dormirlos, y atropina, para reducir la saliva en su boca, con la cual podrían ahogarse. Una segunda inyección de ketamina la harían después de una hora con una jeringa precargada, para que la sedación durara las tres horas necesarias para hacer el recorrido hasta la salida.

El primer niño en salir fue Note de 14 años, se puso un traje de baño, y se tragó la pastilla sedante, posteriormente se le inyectó el resto de las drogas y quedó inconsciente. Luego le pusieron el equipo de buceo y un tanque de aire atado a su frente. Encendieron el aire y colocaron las máscara, que cubría todo el rostro. Después de 30 segundos, Note comenzó a respirar normalmente.

Los buzos lo esposaron para asegurarse de que si se despertaba no intentara arrancarse la mascarilla, poniendo en peligro su vida y la de su socorrista.

El buzo británico se sumergió junto con Note, en la misma posición de un paracaidista con su instructor. Comenzó a nadar hasta la siguiente cámara, donde estaban esperando para hacerle un control médico en tierra firme. Luego volvieron a sumergirse, abriéndose camino con cuidado.

Al llegar a la cámara 3, otros dos buceadores lo esperaban para un control médico: el niño estaba respirando y vivo. El plan estaba funcionando. Volvieron a sumergirse y llevó a Note por el resto de la cueva inundada, el centro de comando. Lo cargaron en una camilla de rescate especial para que pudiera deslizarse fácilmente sobre la roca hasta llegar a la salida. Estaba a salvo.

Procedieron a empezar a sacar a los 12 infantes que faltaban.

Las dificultades también se presentaron, uno de los niños reaccionó mal a las drogas y tuvo que pasar una media hora antes de que se recuperara. Pero también logró salir, otro comenzó a despertarse cuando el rescatista lo estaba llevando a través de un pasaje inundado y el buzo tuvo que inyectarle otra dosis de sedante en el agua. El siguiente fue Tee, que quedó enganchado con un cable en el túnel y por último es más pequeño del grupo, el problema era que no había máscaras lo suficientemente pequeñas para ajustarlas a su rostro. Una que podría funcionar había sido encontrada a último momento durante la noche,

Finalmente todos fueron sacados sin problemas, sanos y salvos.



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