El camino a Barbacoas, en el municipio Morán, está marcado por la desidia oficial, aunque es un asunto bien conocido por todos, al menos, por aquellos que frecuentan la localidad o tienen parentela en el pueblo.
Sin embargo, son los propios habitantes quienes sufren con amargura la desatención gubernamental, la misma que ocasiona gravísimos daños en el asfalto, al punto de desfigurar por completo la plataforma vial.
De la capa de rodamiento queda poco. Es un caos adentrarse a la emblemática población donde la preparación de mantequilla crioalla es una de las mejores labores que realizan las amas de casas tocuyanas.
Espera. Son años de deuda con la comunidad que habita en esta parte alta de la tierra del tamunangue y es que la rehabilitación de la vialidad prometida, gobierno tras gobierno, no llega finalmente para el beneficio de los pueblerinos.
Un gran pesar
Con las vías en tan graves condiciones, el transporte público rural se abstiene de atravesar los obstáculos: no hay incentivos por parte del gobierno local, regional ni nacional. Los transportistas de la zona argumentan que la sustitución de algún repuesto para las unidades además del costo, les toma mucho tiempo en encontrarlo.
Hay otras personas, como la señora Lucinda Guédez, habitante del caserío Hierbabuena, quien exhorta a las autoridades para que doten de carros rústicos a la población que sirvan de transporte para las familias de comunidades más apartadas. Salir de un caserío a otro, dijo, puede tomar hasta dos días.
"Si nos dan la cola, llegamos el mismo día, sino hay que caminar y hacer paradas en casas de conocidos: el Gobierno no equipa a los caseríos para acortar las distancias. Es un calvario tratar de llegar hasta Barbacoas, la carretera no sirve”, explicó.
Los residentes de Barbacoas que no cuenten con vehículo propio, viven de la generosidad de otras personas: si pasa alguien por el camino, ofrece llevarlos hasta sus residencias, de lo contrario, caminan largos y largos kilómetros.

