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7 de enero de 2016

LOS CONTRADICTORIOS SIGNIFICADOS DEL 6D

La realidad política nacional que se inaugura con la nueva mayoría parlamentaria traerá consigo una dinámica política de recomposición de fuerzas: unas en convergencia, otras en divergencia y otras encontradas. Estos resultados significan una derrota estruendosa para el Gobierno y para la cúpula psuvista. El Gobierno y la dirección partidista pierden piso político. Serán de pronóstico las mutuas inculpaciones al interior de lo que queda del chavismo. El presidente Maduro será quien lleve el más grande chaparrón de la derrota, pero conserva su posición de Presidente y los símbolos del poder.


Los mayores perdedores son Jorge Rodríguez, Elías Jaua y, especialmente, D. Cabello quien pierde su espacio institucional de influencia y queda ahora muy disminuido políticamente. La alta votación observada y el civismo en las colas es la expresión de una sociedad que esperó pacientemente la ocasión de expresar su profunda disconformidad y disgusto hacia el actual gobierno y sus políticas, sin caer en tentaciones de salidas tremendistas y apresuradas. Si se le negaba esta posibilidad las aguas se saldrían de su cauce. Esto lo comprendió cabalmente el Alto Mando militar. El voto castigo es también un voto de esperanza. Perdieron los radicales de lado y lado, se impuso la moderación y el civismo. Perdieron también quienes se salieron de la unidad democrática, pues era, y es, la hora de aunar, no de dividir.

Los resultados deben leerse en dos sentidos muy claros: constituyen un claro pronunciamiento de rechazo de los electores de las ejecutorias gubernamentales y son también un claro mandato para los ganadores de lo que deben hacer en la nueva Asamblea en la procura de cambios de rumbos. Por estas razones habrá mucha tensión política entre los poderes Ejecutivo, Judicial y Moral, por un lado y el Legislativo, por el otro, porque muchas iniciativas legislativas serán difíciles de tragar para el Gobierno, especialmente las que busquen sustituirlo.

En muchos casos la tensión derivará en clara perturbación. Está por verse cuál será el estilo parlamentario del PSUV si sabrá o no convivir con la nueva mayoría y ser una o no una minoría democrática. La presencia y actuación de Cilia Flores como diputada será un claro indicador de si aprovechan o no los espacios de negociación que pueden abrirse con el nuevo centro de poder. La nueva correlación de fuerzas podría significar que el presidente Maduro finalmente pudiera hacer una política que lo diferenciara de Chávez, tal como fue su intención al inicio de su administración, pero que los sectores radicales le impidieron. Todo depende de cómo se reagrupen las fuerzas internas.

Mientras los resultados le imponen al PSUV aprender a ser oposición en la Asamblea, al Gobierno le tocará aprender a gobernar sin leyes habilitantes y con un Parlamento que ejercerá de modo distinto su potestad de aprobar o no presupuestos y créditos adicionales, de interpelar y censurar funcionarios, aprobar o improbar memorias y cuentas, entre otras muy importantes atribuciones. El centro político nacional se mueve a la Asamblea. La oposición es ahora el poder alterno, y significa cosas como que en adelante los gobernadores chavistas (y no chavistas) tienen que negociar sus presupuestos ante la Asamblea, no ante el Presidente, y justificar sus pedimentos ante este poder. La oposición tendrá que saber cómo desempeñarse en cuanto a las funciones administrativas como un poder contribuyente facilitador de las necesarias correcciones de rumbo gubernamental y no como un contrapoder del Ejecutivo, al mismo tiempo que permanece como caja de resonancia del clamor nacional de los cambios esperados por un nuevo equipo de gobierno, en un marco institucional. Hacer estas dos cosas no será nada fácil.

Quienes asuman que estos resultados son la segunda muerte de Chávez, el entierro de su legado y la liquidación del PSUV se equivocan. El chavismo más que una corriente política es una manera de interpretar el país, y esta visión seguirá entre nosotros y su expresión política, el PSUV, seguirá siendo un factor importante en los años venideros.

En lo inmediato el reto mayor de ambos bloques es mantener su unidad interna. Ante el derrumbe político sufrido es esperable que haya fragmentación interna. Por este mismo derrumbe también se puede esperar que la unidad de la oposición se rompa. Estas fragmentaciones no son deseables porque podrían conducir a la radicalización de sectores que es mejor que estén tranquilos y no ser focos de perturbación.

Cabe preguntarse, cuál es la inteligencia por hacer de este deslave político. Si el Gobierno lo imputa a la guerra económica es no comprender lo que pasó. Es no entender que fueron sus políticas la causa, es sustituir el análisis por la ideología. Si los vencedores asumen que tienen carta blanca para hacer todo lo que quieran, incurrirán en el mismo error sectario de quienes hoy lucen vencidos.
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