“Uno como ama de casa tiene que ingeniárselas para rendir la carne y que no falte en la mesa”, cuenta Gladys Martínez, quien se sorprende de cómo han subido los precios del kilo de res, pollo y cerdo desde el año pasado.
Jaime Leal, quien es cabeza de familia, detalla que no solo lo caro complica la alimentación, sino que también la escasez del pollo y la carne lo hace parir cuando visita hasta tres carnicerías diarias.
Leal añade que los compradores se quejan de lo costoso de los productos, pero que los carniceros les indican que no lo pueden vender más barato porque entonces ellos no producirían ninguna ganancia.
Y es que esa es otra realidad que viven los carniceros de Barquisimeto, quienes se ven obligados, cada semana, a subir los precios de la carne porque les llega cara desde el matadero.
El encargado de una carnicería, en el centro de Barquisimeto, explica que las ganancias ahora son mínimas para poder vender. Asegura que al ritmo que va los precios de la carne pueden aumentar aún más.
Virginia Montes prefiere pasar horas en una cola para comprar la carne y el pollo un poquito más baratos en una carnicería que vende al mayor, porque en otros lugares es incomprable.
Los carniceros en los mercados municipales se quejan por la falta de fiscalización que hay en los mataderos y los productores de ganado aseguran que desde ese punto viene el aumento de los precios, porque la carne a precio regulado no les llega.
Aseguran que sus principales clientes son los grandes restaurantes, porque las personas particulares buscan lo más barato y compran poco.
El señor Ángel Pérez comenta que lo que compra es bagazo, porque la carne y el pollo están muy caros y el cerdo ya es un lujo. Dice que en ocasiones prefiere comprar sardinas o atún enlatados.
